Cementerio de Pére Lachaise (París) durante mi última visita en agosto de 2011.

¿Puede alguien que nunca se ha enamorado escribir una historia de amor? Por supuesto que sí. Con la dosis adecuada de imaginación y un cierto equipaje -el cine que hemos visto, nuestras lecturas, testimonios ajenos- uno puede desarrollar con cierta solidez una trama sentimental. Ahora bien; el resultado ofrecerá un inevitable sabor postizo, más o menos sutil en función de la pericia del narrador. Un sabor que resultará artificial, al fin y al cabo. El texto quedará como… aséptico. El autor se verá traicionado por su condición de teórico; porque para poder transmitir a través de las palabras la auténtica intensidad de ciertos sentimientos, se tienen que haber vivido. Es así. Por eso mismo, hace unos días acepté participar en una sesión nocturna de psicofonías y ouija que había organizado un grupo de investigadores de lo paranormal en medio de un bosque que fue escenario de muchas muertes durante la Guerra Civil (hay un monumento allí con una cruz). Yo supe que podía serme útil asistir a ese ritual, observar el modo en que el médium llevaba a cabo su labor y los rostros expectantes de los demás asistentes mientras ponían en marcha sus grabadoras. Y, cómo no, quise experimentar en carne propia la inquietud que genera en mitad de la noche una ceremonia semejante. El miedo, como el amor, hay que haberlo sentido alguna vez para ser capaz de transmitirlo. Y no viene mal recordar la sensación de ese escalofrío que va deslizándose por tu espalda mientras contienes el aliento.

De camino al lugar elegido para la sesión de ouija. Formábamos un siniestro convoy de 4 coches.

La tabla de ouija (que finalmente no se empleó).

El monumento junto al que se instalaron las grabadoras. Allí permanecimos todos, desde la medianoche.

De acuerdo con el argumento de autenticidad que acabo de exponer, en la fase de documentación que a menudo requiere la preparación de una novela yo suelo insistir en que -siempre que sea posible- hay que visitar los escenarios donde se va a ubicar la historia. Pisar el terreno que recorrerán los personajes, contemplar el paisaje que quedará ante sus ojos, captar la atmósfera que respirarán durante la narración.

No pude evitarlo; tuve que meterme en ese panteón de un viejo cementerio de Edimburgo. (Julio 2008)

Ese es el motivo por el que yo, como autor de suspense, visito cámara en mano los recintos funerarios, los rincones sombríos de las ciudades, los caserones antiguos… aunque, en realidad, todo depende de las historias que mi mente ande perpetrando; no en vano -para que veáis ejemplos mucho más festivos- durante estos últimos años he terminado bailando en el sambódromo de Río de Janeiro durante Carnaval -no me atrevo a facilitar imagen-, cantando en un karaoke de Tokio “bésame mucho” (el único tema que tenían en español, sirva como justificación), asistiendo a una pelea de gallos en Perú, participando en una guerra de agua dentro de una piscina durante una fiesta en Nueva York o visitando antros góticos en Berlín. Por poner solo algunos ejemplos.

Aunque no soporto el maltrato animal, quise asistir a una pelea de gallos (Trujillo, Perú, noviembre 2008).

“Todo sea por la documentación”, como siempre me digo cuando mi presencia en ciertos lugares resulta injustificable, comprometida o arriesgada. No se puede ser escritor sin estar atento a otras realidades.

El próximo en cantar era yo... Tokio, abril 2009. (Aunque viendo la foto podría ser Villabotijo del Gorgojo, lo reconozco).

Os preguntaréis cómo terminó la noche paranormal. Lo cierto es que la grabación de psicofonías se llevó a cabo -con poco éxito, según se comprobó días después-, pero no así la sesión de ouija. El médium, tras dedicar unos minutos a valorar el ambiente del lugar, sugirió que la canceláramos ante la percepción en las proximidades de presencias molestas, “burlonas” (una especie de “espíritus traviesos, con mala leche”, según nos explicó). Nadie insistió, claro. No se suelen cuestionar los consejos de un médium cuando uno se encuentra a medianoche en pleno bosque. Únicamente horas después, cuando terminada ya la grabación bajábamos con los coches hacia la ciudad, el médium se atrevió a ser sincero: lo que había captado en el lugar era una presencia sumamente maligna, de un nivel mucho peor que los entes burlones que había mencionado.

Party "acuática" en el hotel Room Mate Grace de NYC, con motivo de la presentación del nuevo número de una revista de moda (octubre 2010).

Yo, en silencio, agradecí que aquel tipo no hubiera sido sincero en su momento. Porque, al margen de mi propio escepticismo sobre esos temas, incluso para la documentación hay ciertos límites. ¿O no?

Me despido hasta la próxima actualización con una foto tomada en la playa de Ipanema (Río de Janeiro). Allí la exhaustiva documentación que llevé a cabo no me sirvió para concebir nuevas historias oscuras. Me resigné, qué remedio. Sacrificios que tiene que hacer uno por su trabajo…

Playa de Ipanema (Río de Janeiro, 2010)


5 Respuestas a “POR QUÉ NECESITO VISITAR LOS CEMENTERIOS (O SUFRIR UNA NOCHE PARANORMAL)”  

  1. 1 Mario

    jajaja para ser un escritor de suspense no t lo montas mal…

  2. 2 ANDREA

    Ya era hora de que actualizaras! :)

  3. 3 Newton

    Saludos desde Chile, se le espera con ganas. Cuándo llegará Cielo Rojo?
    Y muy buena su reflexión sobre documentarse.

  4. 4 Liliana

    Wow… Que excelente entrada… Me tomare el atrevimiento de robar una de tus frases.. Excelente como nos llevas de lo gotico a lo carnavalezco! Siempre podrias escribir una minirelato contrapuesto de un viaje a Rio en tus historias .. En el peor momento (el mas oscuro) el personaje puede tomar su rayo de esperanza en la luz de Rio.. XD

  5. 5 David

    Newton, parece que “Cielo Rojo” llegará a Chile a finales de este mes o principios de noviembre.

    Liliana, puedes robarme frases sin problema, jaja. Y sí, la luz de Río sin duda puede compensar cualquier oscuridad. :)

Contesta